martes, 13 de enero de 2009

EL ORGULLO DE SER BOMBERO



¿Por qué soy bombero?

Rony Iván Véliz
NUESTRO DIARIO

GUATEMALA.
Recuerdo el día en que Jorge aprobó los éxamenes de admision en el cuerpo de bomberos con tanta claridad, como recuerda un rey el día de su coronación. El exámen, lo sintió muy difícil y las oposiciones le resultaron muy reñidas. Cuando me enteré que él habia aprobado y tenia una plaza de bomberos permanente.
Colmaron sus vanidades y visiones románticas, madres bañadas en lágrimas que lo besaban por haber salvado la vida de un niño, periodistas que lo ensalsaban en sus editoriales, alcaldes y presidentes que lo condecoraban por sus hazañas valerosas.
Ahora a sus 40 años de servicio, se ha desvanecido toda la vision romántica. El ha trepado por escaleras de incendios miles de veces y se ha arrastrado por miles de corredores hasta descender a abismos de negrura cargados de venenos tóxicos, a sabiendas que el techo podría desplomarse, o el piso hundirse, o estallar un explosivo oculto, ha visto morir a otros compañeros bomberos y los ha llevado muertos en sus brazos, justa es la razón cristiana de haber sido escogido el fuego como métafora del infierno.
¿Que podría ser más espantoso que la lenta agonia de la piel que se tuesta y de los pulmones que se chamuscan hasta que se obstruyen las vias respiratorias ?
Esto es estar cerca de la muerte y eso a nadie le parece interesante ni mucho menos romántico.
Después de cada incendio que dura varias horas de esfuerzo, la nariz queda cubierta de hollin y se escupen flemas negras.

La profesión

En el oficio, cada bombero municipal pierde más años, al estar en el servicio activo, por los desvelos, los arrestos y se siente con unos años más encima, por ejemplo, si Jorge tiene 20 años, se siente como que tuviera 25 o 30 años.
A veces después de un incendio alguien le pregunta a Jorge, cómo se encuentra y él sólo menea la cabeza a veces. El se siente como que hubiera terminado de efectuarse un rescate de alta montaña, y cada bombero goza de la satisfacción de la gran victoria.
Cada bombero tiene que pensar que cada vez que se efectúa un servicio de emergencia tiene una serie responsabilidad que cumplir. ¿Vale la pena ese constante trabajo de ingerir el veneno tóxico del humo, ese agotamiento físico, ese envejecer?.
En lo económico ni lo vale, sin embargo, podemos comprender que Jorge no podría desempeñar otro trabajo que le diera esa sensación tan grande del triunfo.

www.desastres.org

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