martes, 2 de junio de 2009

FALSA ALARMA






EL DIA QUE LOS BOMBEROS LLORARON

Rony Iván Véliz

GUATEMALA.
Todo el mundo tiene la idea que los bomberos no sienten y lloran. Porque el mismo trabajo los ha vuelto inmunes a esta clase de sentimientos. Los bomberos también sufren como cualquier ser humano. Máxime cuando se trata de compañeros bomberos lesionados o niños heridos.
Era una mañana del jueves 12 de agosto de 1971. Los bomberos platicaban sobre las actividades del 15 aniversario de la fundación de los bomberos municipales, que acababa de pasar.
Minutos después sonó el teléfono de emergencia 123 y el galonista Ricardo López (estufa), donde una persona solicitaba un servicio de urgencia. Dijo que un hombre se había lanzado al fondo del barranco ubicado a un costado del Puente de la Asunción en la zona 5.
El galonista López, sonó la alarma y encendió la luz amarilla en la estación central, lo cual significaba un rescate y desplazo un picop de rescate bajo las ordenes del Mayor Pedro Cóbar.
La unidad de rescate sufrió desperfectos mecánicos en la 9ª avenida y 1ª. Calle de la zona 1 por lo que el mayor Cóbar llamo por radio a la central, informando lo sucedido.
López, encendió la luz roja, presiono la alarma de nuevo y envió la motobomba B-4, la cual era piloteada por el galonista Roberto Sánchez, quien llevaba a los bomberos Roberto Aguilar, Rodrigo González y Víctor Manuel Meoño, dirigidos por el oficial Carlos Pérez (El chompipe).
Con sirena abierta enfilaron al lugar del rescate, pero al llegar al crucero de la 10 avenida y 1ª. Calle de la zona 1, un hombre les indico que no venia ningún carro y les hizo seña que continuaran su paso. En ese preciso momento un piloto irresponsable de un cisterna cargado con combustible, no hizo la parada respectiva, tampoco respeto la sirena, provocando el choque de la motobomba con el trailer.
Al impacto el bombero Rodrigo González, salio expulsado por el aire, perdió su casco y con la cabeza rompió el semáforo. Los cables del tendido eléctrico cayeron sobre el cisterna y de inmediato provoco una explosión, que envolvió a los socorristas Víctor Manuel Meoño y Rodrigo González, quienes cayeron directamente en la gasolina que se estaba quemando.
Los socorristas, rescataron a los tres bomberos quemados y los llevaron al hospital del Seguro Social, donde murieron horas después.
También sacaron de la motobomba a Carlos Pérez y Roberto Sánchez, quienes después de su recuperación, regresaron al servicio activo. En el caso de Sánchez renunció a los bomberos municipales por sentirse culpable del accidente y se incorporó a la estación central de los bomberos voluntarios, hasta la fecha.
Los bomberos municipales, llegaron al lugar del incendio con varias unidades contra incendio y al enterarse que los socorristas estaban muertos, lloraron incansablemente ante la perdida de los hombres del casco rojo.
La muerte de los bomberos fue consecuencia de una falsa alarma producto de un bromista.

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